El origen del deporte femenino en España

‘El origen del deporte femenino en España’ es un libro gordo. Como el de Petete. De esos que pones encima de una hoja arrugada para recuperar su compostura. Es un pedazo de tocho. Casi 900 páginas hacen que su transporte sea a prueba de lumbagos. Suponemos que a Jorge García García, su autor, le habrá costado sus ahorros en tintas de bolígrafo escribir este extenso paso por las primeras heroínas del deporte en España.

Perdonen las gracias del primer párrafo. El volumen de la publicación quizá sea lo primero que sorprenda al recibir por correo el encargo de esta imprescindible publicación. No es para menos. Había muchas cosas que contar. Había que destapar las vivencias de muchas deportistas olvidadas por el paso de los tiempos. Porque en este departamento de la existencia, en la de la cultura física y el juego, también el género femenino ha sufrido el castigo del olvido y el destierro de los grandes titulares. Y es necesario recuperarlo. Y hacerlo tan bien y con tanta paciencia como lo ha hecho Jorge.

Aquellos que estudiamos los primeros pasos de nuestros deportistas nos hemos topado con la negra realidad que sufrieron estas mujeres pioneras, seguramente parte de las grandes víctimas del Franquismo. Tras luchar contra la incredulidad de aquellos hombres que dominaban la sociedad, tras hacerse un hueco por la dignidad de su género como deportistas, como estandarte del
cambio de los tiempos, de un feminismo latente y creciente, ellas se vieron relegadas a un lado, a una representación panfletaria, infantil y conservadora de su ser y libertad. Las mujeres deportistas dejaron de ser una avanzadilla de la propia defensa de su libertad a un utensilio de lo más rancio de un régimen que las utilizó bajo su yugo.
Carmen Sugrañes, en el libro de Jorge García

‘El origen del deporte femenino en España’ pesa no sólo por su número de hojas, sino también por la necesidad de poner en valor a todas estas mujeres de bandera. La copiosa recopilación de nombres propios que aparecen en esta
ilustrada obra debe servir de homenaje para ellas y de recordatorio de su legado, aquel que ahora disfrutamos en campeones aún relegadas a una segunda fila. Porque todas las campeonas de hoy no existirían sin estas luchadoras del ayer.

El trabajo del periodista Jorge García García merece un agradecimiento por su dimensión. No es la primera recopilación, pero sí complementa y amplía muchos de estos trabajos previos. Se acerca a esta historia desde los orígenes hasta el fundido a gris que supuso el Franquismo, incidiendo en las diferentes competiciones y asociaciones, el impacto en los medios que fue adquiriendo el deporte femenino o la incidencia social de la mujer en su tiempo y la conquista de libertades. Muy meritoria es la recopilación fotográfica que ha rescatado de colecciones privadas o hemerotecas.

Siendo algo críticos y alcanzando esta opinión un punto personal, quizá falte un alcance más amplio en el contexto territorial. Obviamente, los focos de desarrollo del deporte femenino fueron las de las grandes urbes, donde la pequeña burguesía pudo dedicarse a la práctica deportiva. Madrid, Barcelona y el País Vasco fueron esos puntos que acaparan la atención de la obra, faltándonos nombres propios de la realidad aragonesa. En otro apunte más ‘Muscatero’ se agradece el material gráfico y documental que se dedica a la mujer de Fernando, la atleta, remera y jugadora de baloncesto Carmen Sugrañes, aunque en su biografía se cite sólo su valor en el baloncesto, siendo más importante su desarrollo como saltadora (recordwoman nacional de longitud) y corredora. Igualmente reseñable es la presencia de Encarna Hernández, ‘La niña del gancho’, cuya vitalidad es el vivo reflejo del espíritu que impulsó a todas las mujeres que tienen cabida en este formidable libro.

Vídeo de presentación del libro «El origen del deporte femenino en España» en su canal de YouTube:

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El regreso de Fernando Muscat

El 31 de mayo de 1936 el Laietà y la Federació Catalana de Basket-ball rendían homenaje a uno de los grandes jugadores de la época, Fernando Muscat, con un Festival-Homenaje con motivo de su retirada. El aragonés ponía rumbo a Madrid por motivos laborales, y su club y la federación territorial organizaron una jornada que incluyó una exhibición de tenis y concurso de natación en horario matinal, y partidos de baloncesto por la tarde. Además, un banquete por la noche como broche final.
Fernando Muscat era una de las grandes estrellas del baloncesto catalán, y por extensión del basket-ball nacional, y en el momento de su adiós a las pistas se reconocía tanto sus habilidades baloncestísticas como su nobleza y deportividad. Considerado como modelo ejemplar de jugador, respetado incluso por las aficiones rivales, hizo siempre gala de un talante honesto así como gran nobleza y caballerosidad.
Cuando sobrevino la Guerra en España, los sueños deportivos quedaron relegados a un lugar recóndito de la memoria con los Juegos de Berlín del 36 como losa para un deporte que se había estrenado por todo lo alto a nivel internacional con el subcampeonato en el primer Eurobasket de la historia, celebrado en la primavera de 1935 en Ginebra.
Una vez acabada la contienda, en enero de 1940 la portada de Mundo Deportivo anunciaba la reaparición del legendario Fernando Muscat, que volvía a su Laietà para aportar experiencia a un plantel que tenía grandes esperanzas en su equipo juvenil… comandado por Kucharski y Paco Esteva y que le daría grandes alegrías a corto plazo al club decano del baloncesto en España.
Pocos días después de aquel retorno, Fernando Muscat contraería matimonio con Carme Sugrañes, y juntos emprenderían el tradicional viaje de novios. Pero aquella luna de miel concluiría con cierto adelanto, puesto que el regreso se precipitó para que Muscat pudiera participar en un decisivo choque contra el Hospitalet de Marcel-lí Maneja que dilucidaba el liderato en la liga aquella temporada.

Objetivo Río 2016. Por Álex Muscat.

Este es el nombre de mi proyecto que nació a finales de 2012, con el propósito de representar a España en la categoría Finn de vela en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Me llamo Alejandro Muscat, tengo 29 años y puedo considerarme un privilegiado por descender de grandes deportistas.

En este momento me encuentro en Valencia centrado en conseguir mi clasificación olímpica, que se decidirá posiblemente en Nueva Zelanda durante el próximo mes de noviembre. Para llegar a este objetivo hemos  lanificado la temporada con varios campeonatos por la costa europea, incluyendo el campeonato continental que se disputa en Croacia en mayo y diversas pruebas de nivel internacional. Actualmente soy campeón nacional desde hace dos años, y mis entrenamientos y preparación están enfocados a colocarme entre los 10 mejores del mundo. En el pasado campeonato mundial finalicé en la vigésimo quinta posición, después de una actuación muy irregular. Este resultado fue insuficiente para clasificar a España para los Juegos de Río 2016, así que tendremos que seguir trabajando para poder clasificarla en el próximo Mundial. A pesar de no conseguir los resultados esperados, la temporada sirvió para realizar un análisis minucioso de lo sucedido y así afrontar el próximo año como un deportista mejor y más completo.

Todo tiene su momento, solo llega cuando tiene que llegar”, me decía mi abuelo cuando era un niño y le quería enseñar cómo tiraba desde la línea  de tres y a duras penas mi tiro llegaba a golpear el aro. Él me dijo que empezara desde el tiro libre, que era allí donde no se podían perder puntos, allí era donde tenía que dominar el tiro y mecanizar mi técnica, luego el triple ya llegaría. Ahora, confiando en la sabiduría de mi abuelo, me toca seguir trabajando, ser paciente y mis resultados ya mejorarán.

Mi sueño de niño era participar en unos Juegos Olímpicos, estar en medio de ese montón de deportistas, que son los mejores y se dan cita cada cuatro años. Mi primer recuerdo del gran evento es en Barcelona’92, yo tenía 7 años y vi saltar a Sergey Bubka en el Estadio Olímpico, aunque no fuera en sus mejores momentos. En esa época yo ya navegaba en mi Optimist, pero mi deporte favorito por ese tiempo era el baloncesto y no porque viniera a Barcelona el mejor equipo imaginable: el “Dream-Team”, sino porque era el deporte de mis abuelos y el mejor estaba en mi casa, y ese era Fernando Muscat. Esta tendencia de infancia a pensar que tus mayores son los mejores, en mi caso tenía fundamento, yo sabia que mi abuelo había sido subcampeón de Europa y también sabía que mis abuelos no habían ido a los Juegos de jóvenes por algo de una guerra, lo que me parecía la peor de las injusticias.

Pronto cambiaron mis preferencias deportivas; jugaba a baloncesto en el equipo de la escuela y también navegaba. Pronto apareció el problema que más tarde me hizo tomar una decisión: la práctica de la vela ocupa mucho tiempo y de niño los únicos momentos en los que tienes mucho tiempo libre es el fin de semana, justo cuando se celebran los partidos de las ligas escolares de baloncesto. Mi decisión fue entrenar entre semana al baloncesto y navegar el fin de semana saltándome la mayoría de los partidos de mi equipo. Hasta que a los trece años decidí solo navegar, ya que era lo que más me gustaba.

 

Ahora estoy seguro de que acerté en mi elección; vivo centrado en conseguir llegar a los Juegos Olímpicos. Un sueño que desde niño me ha acompañado. Sueño que alimentaron mis abuelos. Espero, con mucho esfuerzo y dedicación, poder lograrlo. Mis abuelos no pudieron ir y no encuentro mejor manera de honrarlos que llegarlo a conseguir.
Mi abuelo fue al primer deportista al que yo admiré y al que intenté imitar, es por ello que le estaré siempre agradecido.
Gracias abuelo, por ti soy quien quiero ser: un deportista que se levanta cada
día con ganas de mejorar y al que le apasiona su trabajo.

 

Texto y fotografías: Alejandro Muscat, nieto de Fernando Muscat.

Ese día en Chamartín; cuando la roja fue de estreno

No era plan perderse un día de trabajo. O quizá ni hubo opción para ello. Porque en esa época no existía cabida para mitos del baloncesto. Ni permisos especiales para jugar un partido internacional. Tampoco circulaban trenes de alta velocidad ni autobuses que volasen por extensas autopistas. El puente aéreo era imaginario. Un viaje de Barcelona a Madrid era no solo de largo recorrido, también un farragoso y lento camino para un currante con responsabilidades en su oficina de Telefónica.

 

Fernando Muscat tuvo que renunciar a hacer historia, aunque se lo había ganado. Estaba convocado, pero se quedó sin hacer las maletas, «por motivos particulares», como publicó el Mundo Deportivo. Su nombre figuraba entre los elegidos para jugar ese 15 de abril de 1935 el primer partido oficial que disputó España como selección. El aragonés de Tobed tenía asegurada su plaza gracias a su actuación en el Circo Price pese a laderrota del combinado catalán. Su trayectoria en el Laietà, equipo que lideraba la clasificación del Campeonato regional en esa fecha con él como tercer máximo anotador, habían silenciado su no tan buena actuación ante Castilla como narraron las crónicas.
Sobre la hierba de Chamartín, en el campo de fútbol del Real Madrid, se instalaron unas canastas de madera. Portugal esperaba. Martins, Barbosa, López, Drogo y Da Costa formaban un quinteto que era recibido por el embajador luso en la estación madrileña de Delicias. No era territorio desconocido. Unos meses atrás, casi los mismos nombres nos habían visitado como selección lisboeta un duelo con la castellana ante 13.000 espectadores en la Plaza de Toros, justo en el mismo emplazamiento donde ahora se sitúa el Palacio de los Deportes. Quedaron 15-14 y todo apuntaba a otra dura batalla.

España alinearía en ese estreno a un elenco muy castizo fruto del experimento del Price. Los que estuvieron en Barcelona (Pedro Alonso, Rafael Ruano, Emilio Alonso y Cayetano Ortega) más el pequeño Rafael Martín en el banquillo, se insertarían en esa columna vertebral. De los catalanes solo viajaría Armando Maunier, junto al seleccionador Mariano Manent, que actuaría de árbitro, y el delegado Dupré. Fernando Font, que iba a sustituir a Muscat, no podría finalmente acudir al retrasarse el viaje en ferrocarril.

El acontecimiento no pasó de largo para la sociedad de la época. En las gradas de Chamartín se situaron tres ministros estatales y el secretario de la Presidencia española, el señor Sánchez Guerra.
Completó el espectáculo un festival gimnástico de la Sociedad Gimnástica Española, una exhibición de pirámides humanas a cargo de los bomberos y un partido entre dos combinados militares, los catalanes de Intendencia y los madrileños del Regimiento 31, ambos conjuntos de las primeras divisiones regionales reforzados con elementos de otras divisiones. Los visitantes doblegaron con facilidad a su rival por 13-34.
Fue el aperitivo del plato fuerte. Los aplausos resonaron cuando ambos equipos se alinearon en el centro del campo para escuchar el ‘serrablés’ Himno de Riego. El día anterior se había festejado el cuarto aniversario de la proclamación de la II República y el evento deportivo entraba dentro de las celebraciones. La ‘Roja’ no quiso defraudar a sus aficionados y elevó la fiesta con una victoria contundente. El ritmo de juego español, desarrollado desde el dominio y la combinación pausada de pases del estilo castellano, vapuleó a los vecinos portugueses. En el descanso la desventaja era evidente (16-6) y ni la rudeza rival aminoró el poderío de los españoles (33-12). El centro Cayetano Ortega y el defensa Armando Maunier fueron proclamados por la prensa como los mejores jugadores del partido.

Esta actuación, dadas además las bajas de MuscatCarbonell, desataron el entusiasmo de la Federación Española de Baloncesto. Pocas fechas después se confirmaría la inscripción del combinado nacional en el Europeo inaugural que se jugará en Ginebra dos semanas después. El partido de Portugal, como se ha escrito, no fue una eliminatoria para decidir una plaza en esta competición, pero sí una prueba de fuego para decidir si España estaba capacitada para dar el salto a otro panorama. Un salto del que no se escaparía Fernando MuscatVídeo: los protagonistas hablan de aquel primer partido contra Portugal en el primer programa de «Chócala!!!» de TVE, conducido por Pedro Barthe:

La primera Selección Española cumple 80 años

La rivalidad deportiva entre Cataluña y Madrid se remonta también a los orígenes del baloncesto español. Desde los primeros enfrentamientos en los Campeonatos de España entre los mejores equipos de los torneos catalán y castellano, esos partidos tenían una motivación especial. El baloncesto se había implantado inicialmente en tierras catalanas, donde contaba con más medios y apoyos, lo cual era envidiado desde la zona centro. A su vez, los progresos en el juego y la calidad de los jugadores castellanos eran admirados desde la Ciudad Condal.
La Selección de Cataluña, con Fernando Muscat de Capitán

En 1935, cuando se cumple en este 2015 el 80 Aniversario, España confeccionó la primera Selección de su historia: la Federación Española anunciaba la inscripción del equipo nacional para disputar el primer Eurobasket que se iba a celebrar en Ginebra. España aún no tenía equipo como tal, así que a través de la Federación Catalana se organizó un encuentro entre la Selección de Madrid y la Selección de Cataluña en el Gran Price de Barcelona, con el fin de determinar los jugadores que entrarían en esa Selección definitiva.

Selección de Madrid, con Pedro Alonso, señalado como mejor jugador

La prensa recogió la gran expectación que se había generado con ese encuentro. El seleccionador por Cataluña, Mariano Manent, organizó a su vez un par de entrenamientos previos para elegir a aquellos que participarían en el primer duelo regional de la historia. El 28 de marzo de 1935, con un aforo repleto, los dos equipos saltaban al encerado suelo del Gran Price barcelonés. Este hecho, y las dimensiones de la cancha habilitada, más corta y ancha de lo habitual, condicionaron el match para los locales, que fallaron además muchos tiros libres. El resultado final fue de 33 a 29 favorable a los madrileños que vestían de morado, con Tomás (8 puntos), Muscat (7) y Maunier (5) destacados por los catalanes con camiseta roja y Ortega (11 puntos), Ruano (9) y Pedro Alonso (4) por los castellanos. La deportividad fue máxima, y ambos conjuntos reconocieron los méritos de los rivales.

 

  

Dos días después se celebró en el mismo escenario otro choque, ya sin tanto público, entre dos formaciones con los jugadores de aquel primer duelo de selecciones territoriales, combinados en los probables y los posibles. Los seleccionadores de ambas regiones, que a su vez lo eran de la Selección Nacional, Manent y Ángel Cabrera, probaron combinaciones de cara al primer partido internacional que iba a jugar España, el 15 de abril en el campo de fútbol de Chamartín contra Portugal, como paso previo para llegar al Campeonato de Europa.